Daniel Ponce tenía 19 años cuando fue enviado a la guerra en 1982. En diálogo exclusivo con La Realidad Hoy, reconstruye sus vivencias en las islas y reflexiona sobre cómo ese episodio marcó su vida hasta la actualidad.
A más de cuatro décadas del conflicto en las Islas Malvinas, las historias de quienes estuvieron en el frente siguen siendo testimonios fundamentales para comprender el impacto humano de la guerra. Daniel Ponce tenía apenas 19 años cuando fue convocado y enviado a combatir en 1982, una experiencia que, según cuenta, lo transformó para siempre.
En diálogo exclusivo con La Realidad Hoy, Ponce repasó los días vividos en las islas, donde el frío, el miedo y la incertidumbre eran parte de la rutina diaria. “Éramos muy chicos, no dimensionábamos del todo lo que estaba pasando”, recordó. Sin embargo, las imágenes y sensaciones de aquellos días permanecen intactas en su memoria.

El excombatiente describió la dureza del conflicto no solo desde lo físico, sino también desde lo emocional. La distancia con su familia, la convivencia con sus compañeros y la constante tensión marcaron una etapa que dejó huellas profundas. “Había momentos en los que lo único que nos sostenía era el compañerismo”, señaló.
Hoy, con el paso del tiempo, Ponce reconoce que la guerra sigue presente en su vida cotidiana. Asegura que, aunque aprendió a convivir con esos recuerdos, Malvinas continúa siendo una “herida abierta”, tanto a nivel personal como colectivo. En ese sentido, destacó la importancia de mantener viva la memoria y de acompañar a quienes atravesaron experiencias similares.
Su testimonio no solo aporta una mirada íntima sobre el conflicto, sino que también invita a reflexionar sobre las consecuencias de la guerra y la necesidad de no olvidar. “Contar lo que vivimos es una forma de sanar, pero también de que las nuevas generaciones entiendan lo que pasó”, concluyó.

