El abuelo fue el primero que gritó “somos libres” cuando la Justicia lo rescató junto a otras siete personas que vivían en estado de vulnerabilidad.

Cuando a Colón Mora le contaron que a Marta Pérez se la llevó la Policía en calidad de demorada, lo festejó, aplaudió. Posiblemente volvió a encontrarle sentido a su vida. En el geriátrico del terror, ocho abuelos se habían entregado a la muerte, y estaban resignados.

Alejandra Mora tiene conflictos con su hermana que es la apoderada de su padre, y la que toma las decisiones. Por eso ella, no tenía el acceso fácil al establecimiento. Pero en una oportunidad él pudo decirle “acá pasan cosas feas”.

“Mi papá fue castigado muchas veces porque era el abuelito que caminaba, está totalmente lúcido”, transmitió la mujer que vive en Justo Daract.

Colón, junto a Mario y una abuelita la pasaban mal porque eran los que defendían a los otros que solos no podían. “Tiene una cicatriz en la cabeza cuando le partieron un palo, porque se hizo encima. La mandaron a Sheila (que era empleada del lugar y que fue la denunciante) a buscar un trapo para que mi papá se limpiara y le empezaron a decir viejo cochino, lo sentaron en el inodoro y le quemaron los genitales con agua hirviendo del bidet. Cuando entró Sheila encontró que mi papá estaba tirado, todo ensangrentado. Le dijo Marta que le pegara con la gotita y que lo acostara”.

Al día siguiente, según su relato, cuando lo fueron a levantar, a las 5 de la tarde, el hombre no tenía fuerzas: “Ella le puso un ventilador, lo llevó al baño, lo mojó y así más o menos mi papá se levantó y tomó su mate cocido”.

Colón gritaba y lloraba cada vez que le pegaban. “Dios te está mirando Marta, Dios te está mirando, le decía y la bendecía”, revivió Alejandra de las charlas que pudo tener con la chica de 21 años que avisó a la Policía para que la pesadilla se termine.

“Me decían ‘vos no podés venir si no le pedís permiso a tu hermana”, también comentó.

Ahora que todo esto salió a la luz, dijo que va a luchar en la Justicia para recuperar a su padre: “Ruego a Dios poder traerlo conmigo”.

Él no está al resguardo de su familia, sino que su otra hija los sacó del geriátrico del terror y lo llevó a otro en Villa Mercedes. Es decir, el abuelito no está con sus familiares, como se pensó al principio.

El 25 de diciembre pudo sacarlo. El caminó por su barrio, saludó a los vecinos y estaba feliz. Alejandra lo llevó al cementerio a visitar a su esposa, y comieron un asado. Estuvo con sus nietos, y hasta le pidió a su hija que le diera un cigarrillo. “Me lo quería robar, no lo quería devolver”, dijo. Cuando lo llevó, Marta se enojó porque lo hicieron fumar.

El 31 de diciembre, Colón y todos los abuelitos no fueron a ningún lado, a las 7 de la tarde les dieron una pastilla y todos se durmieron. Antes solamente les dieron un sándwich de miga, y nada más.

Colón y su esposa llegaron juntos al geriátrico de Marta Pérez, y ahí su compañera falleció.

“Papá tenía una historia de vida muy triste, sus padres lo abandonaron de chico, y fue criado por Varas que le dio un techo. Fue siempre muy responsable en su trabajo, se jubiló como ferroviario”, agregó.

Fuente: El Chorrillero